Spiga

S.A.

La niña baila, en una danza implacable de sufrimiento y verdad. Se entero de su mal y sigue bailando en la oscuridad. Ella llora y alrededor de sus movimientos provoca un diluvio, el pasado fue dichoso, sus mejillas sonrojadas... los días de sol. La niña se cayó del cielo, no sabe de que planeta, su madre no es su madre, su padre no es su padre...
La niña no es la niña que siempre pensó, es producto de la creación anónima, de un invento extraño que no tiene origen y para el que no tiene perdón.

Aporte de Francoise

Teorema de la sumatoria de la vida.

Como todos sabemos una sumatoria nos permite representar sumas muy grandes, de n sumandos o incluso sumas infinitas y se expresa con la letra griega sigma (Σ) .Bueno esto también lo podemos llevar a la vida cotidiana como “El severo teorema de vida de la sumatoria”. (Aplicable al sexo femenino o masculino o viceversa, mmm, mas al femenino)

En este caso para hacer alusión al teorema y su aplicabilidad tomaremos la variable i que es el índice de suma (amor, desamor, etc.) al que se le asigna un valor inicial llamado límite inferior (o sea el principio de una relación o enpotamiento, por ejemplo), m. La variable i recorrerá los valores enteros hasta alcanzar el límite superior (peleas, infidelidades, maltrato psicológico, etc.), n. Necesariamente ha de cumplirse: m ≤ n. (o sea el amor o enpotamiento debe ser mayor o igual a la cantidad de desamor entregado).

En resumen y para mostrar mi punto, un ejemplo, si queremos expresar la suma de las diez primeras citas con una mujer (en el caso de un varón), a medida que llevamos a cabo el cortejo o mal llamado encantamiento, el hombre inconsciente con afán de llegar a su objetivo (instinto animal) se encarga de complacer la mayoría de los caprichos de la fémina e incluso simular que la escucha o que le interesa lo que ella hable. Este efecto nos lleva directamente al teorema de la sumatoria, ya que la mujer asumirá por defecto que la suma de todos estos “n” acontecimientos, le dará un poder sobre nosotros o incluso ser la variable de la sumatoria en cuestion “i”, lo cual hará que nuestra sumatoria se vaya a la mierda y no tenga solución posible mas que… (Esta respuesta es opcional según cada individuo, en este caso varón)

Pedir: "La forma correcta"

Cuando acudimos al drug store (gentilicio gringo masificado por latinos insulsos), es incorrecto decir: “déme un par de preservativos”. Peor aún es escuchar “véndame un par de preservativos”. Si ustedes piden las cosas de esa manera, debería darles vergüenza. La forma correcta es: “regáleme un par de preservativos”. Es obvio que el verbo regalar se está utilizando en sentido figurado; esto precisamente es lo que embellece la petición, que de otra forma, quedaría como un insulso imperativo más.

Se puede también utilizar este verbo en cualquier situación en que pidamos algo, por ejemplo:

Regálame una buena nota en el colegio (la mamá al hijo, suplicando).
Regálame un besito, sólo uno (el púbero calentón a su novia).
Regáleme un minuto de su tiempo (el encuestador telefónico al ama de casa).

En estos últimos ejemplos, el verbo regalar lleva implícito el “por favor”. O sea que cuando lo utilicen, ya no será necesario decir por favor, porque se sobreentiende la intención de ser educado. Siempre hay más de alguno que dice regálame porfa, lo que es una redundancia; esto debe evitarse.

Yo sé que ustedes, queridos lectores, impulsarán en su localidad el uso del verbo regalar para pedir las cosas. Encontrarán, como es natural, alguna sonrisa burlona de la gente inculta. Pero entre la gente culta causarán respeto, admiración y un trato deferente.

Sarna con gusto, no pica

Se reía de la vida, su mueca era extraña, reflejaba algo de locura. La corbata le apretaba, aceleraba el paso, dispuesto a terminar con ese ridículo uniforme. Había sido una decisión certera, aunque quizás un poco tarde, la mejor que había tomado en su vida.
Llegó al lugar acordado y golpeó la puerta. Una rubia sin nombre (no era que no lo tuviera, es que no le interesaba saberlo), minifalda y maquillaje excesivo. Sin preguntas la empujó sobre la cama y rápidamente se despojó de su estúpida equivocación, al igual que de su ropa. En ese mismo momento, una mujer vestida de blanco lloraba amargamente frente a un altar.


Aporte de Francoise

Necrofilia

Yo la amaba, lo prometo que es cierto (dicen que no se debe jurar). Me dijo un par de veces que moriría de amor por mí, pero no pensé que fuera cierto.

El tiempo hacía deseable el momento, no era su primera vez, ni la mía, sin embargo, me embriagaba una sensación de novedad y extraña curiosidad.

Nos tomamos un par de copas, y la temperatura comenzó a subir al fin, nos quitamos las ropas extasiados. Le estaba haciendo el amor, nuestros movimientos eran rítmicos, me repitió un par de veces que me amaba, hasta que la intensidad del momento impidió la emisión de alguna palabra.

Nuestra respiración comenzó a acelerarse al punto de recrear una pequeña sinfonía, hasta que de un momento a otro dejé de sentir la suya. No pude dejar de moverme, seguí presionando mis manos en sus caderas y aceleré aun más mis movimientos, hasta que pude descansar sobre su cuerpo inerte. Nunca pensé que mi mente era capaz de disfrutar tal perversión, pero era cierto… estaba cometiendo necrofilia.


Aporte de Francoise




Ensoñación.

Por fin llegaba la feria al pueblo. Lo único que quería era ver gente nueva, diferente, estaba aburrida de las mismas personas de siempre; el pueblo chico, las “copuchas” que corrían a una velocidad que le hacían competencia a la luz, el polvo distribuido hasta en el agua que corre en las acequias. En fin, un pueblo donde el sol pegaba muy fuerte, pero el viento no se hacía sentir.

Cuando llegó la feria, el pueblo se convulsionó, salió la gente a las calles a celebrar tales alegorías. Fue un momento muy emocionante, ver los juegos pasar, tan grandes, así como los edificios que nunca tendríamos, los actores vestidos con brillantes, la música resonante y los animales enjaulados, que dejaban ver su fiereza a través de las rejas.

La feria empezó el lunes, me arreglé con mi vestido del domingo, fui al río y me llené de los manjares que éste me ofrecía, entre ellos mi pelo siempre brillante y ese rico perfume a fresco.

Salí a eso de las nueve de mi casa, la verdad es que así como estaba de entusiasmada me hubiese gustado que fuera sólo yo la que visitaba la feria, pero una vez más tendría que aceptar el compartir con toda esa gente que me repelía.

Llegué a mi ansiado destino, todo brillaba, la gente sonreía, el ambiente estaba cándido y lleno de alegría, nada hacía presagiar lo que se vendría encima. Estuve toda la tarde viendo como actuaba el teatro callejero, los malabaristas y el hombre bala; Hasta que de pronto vi que el payaso tomó a unos niños y los lanzó al escenario, como si fueran corderos a punto de ser comidos, no podía entender qué sucedía. Enseguida empezaron a tomar presa a toda la gente que antes había dicho que me molestaba, no lo podía creer; los payasos, actores y malabaristas se convirtieron en policías, que con sus instrumentos de trabajo ahuyentaban a todo aquel que me cayera mal, yo trataba de exigir explicaciones, pero nadie me hacia caso. Vi las torturas, la sangre y el olor a muerte impreso en mi ropa, el frío de aquellos cadáveres en mi piel. No podía entender lo que sucedía, toda esa gente que convivió toda una vida conmigo, ahora era muerta, torturada y apresada como animales, la sangre corría y todo quedaba con humores fríos.

Pasé la noche viendo el desastre, no sé lo que sentía, si temor, pena por los muertos o una especie de alegría al ver que ya no me molestarían y sobre todo que yo no era una de las elegidas. Me senté en un banco, minutos después se acercó el payaso y me dijo: “está todo listo Hitler, ya empezamos con la depuración”

s/n



se levantó la polera, sus senos turgentes con afiladas cúspides, desconciertan la mirada del ingenuo espectador. luego, el deslizamiento de sus bragas permiten observar la prominencia de aquella vulva selvática incestuosa.
y el espectador desconcertado se convierte en actor principal de una escena sin preparación. le corresponde la fatiga no esperada pero si conversada. entre gemidos recordaba aquéllas revistas con las cuales sus compañeros se hacían machitos. saltos de aquélla que conoció niña y que hoy es mujer, con su olor a ranciedad de alcohol, pensaba en las maravillosas historias de sus compañeros. todo era un gran revoltijo, una extraña majamama de recuerdos familiares.
fue todo una cosa extraña, ya no pensaba. su pubertad confundida, la pornografía, la incestuosidad... llevaron lágrimas a sus ojos. jamás pensó que aquéllo sería así.
a los días la separación y el silencio total de aquélla mujer ahora totalmente desconocida se iba de su lado.
la historia como se repite, pensaba entre lloriqueos de aquel hombre que lo forzaba y forzaba. pensaba en la niña pequeña que conoció por su madre, su pequeñez y su nunca nombrada paternidad. ya nada sentía por lo que le hicieron, por lo que hizo y por lo que le hacen. todo era una jodida violación, con malditas eyaculaciones de los más fuertes sobre los más débiles e ingenuos.


aporte de cronopiado.

Boleto de ida.

Aquel congelado viernes de agosto ambicioné mil veces ser un héroe de época, pero Dios entrega sólo a pocos elegidos tal bondad en sus corazones, tanto que anteponen todo… hasta la propia vida por el prójimo. Con dos monedas guardadas como trofeos de guerra, que alcanzaban la alta exigencia de convertirse en un trozo de pan vacío acompañado del más económico jugo de melocotón, me aposté sobre las escalinatas externas del Terminal Ferroviario de Coquimbo. Aquella tarde noche se me antojaba todo ese bullicio de gentes y máquinas como un suspiro efímero, lo mismo que el sabor sin sabor de la miga entremezclada con aquel más bien deguste de agua dulce. Desde los enjutos peldaños gélidos de cementos podía observar con detenimiento microscópico, la maniobra exacta del armatoste Mercedes Benz ochentero en el andén numero siete. Con sus eternos dibujos seudoartísticos, inundando toda la carrocería. Imaginé por un segundo poder avizorar que bajo aquellas caracterizaciones pintorescas en la hojalata con ruedas, habría otros dibujos y bajo ellos otros más infinitamente, como una piel grasosa continua de formas e imágenes de mal gusto. Inequívocamente este era mi transporte, el que cercaría las últimas horas de mi destino.

La carretera se presentaba amable y casi vacía ante los ojos de todos, un cansado silencio se apoderaba un día más de los pasajeros del Bus con destino a Andacollo, en mi mano el boleto de ida, que hábilmente trataría de falsear por uno de retorno. El chofer no lograba evadir un segundo el impulso de fijar la vista en los senos firmes de la pasajera sentada en el asiento continuo a él en primerísima primera fila, ella entrenerviosa devolvía ocasionalmente miradas llenas de complicidad y apuro, como quien se apresta a sudar una eterna noche en las artes de la pasión carnal prohibida. La noche avanzaba con su oscuridad implacable. Sólo alcancé a percibir un grito único, aberrante y mi cabeza se azotaba contra los asientos y el techo, como sacos de goma nuestros cuerpos sin control alguno chocaban ensangrentados, unos segundos en caída libre desde la cuesta de San Antonio, parecía el infierno de las eternidadades. Luego se avino el sigilo inmaculado con unos nacientes lamentos casi apagándose entre las chamizas y rocas arrastradas hasta la quebrada profunda.

Como pude arrastré mi huesos por una ventana lateral rota, me deslicé suavemente sobre el cadáver de la mujer que coqueteaba con el conductor, aun podía sentir el calor de su cuerpo sin vida, su sangre impregnó mi pecho. El llanto de un bebé se oía desde lejos, pero no lograba ver nada, todo era un incesante sonar de lamentos de medios muertos. Imaginé volver por el pequeño angelito, pero no pude. El pánico se colaba entre mis venas mientras imploraba poder llegar hacia la carretera, sin mirar atrás. Me detuve y creí escuchar por última vez el llanto del pobre infante, entre las súplicas de diosito santo, virgencita ayúdame madre mía. No volví, y aún cuando nadie podrá saber jamás tan escabrosos detalles -que no me honran-, los recuerdos se encargan próvidamente de elevar la procesión de culpas, me oprimen entre las gentes, emergen como alucinaciones, en la mirada de mis pequeños que se distraen en la misa de los domingos.


Aporte de Eduardo Duarte.

pequeña introducción a la comprensión morfogenética de las mayúsculas como famas y esperanzas.

las famas son seres ya demasiado famosos para hablar de ellos, mucho trabajo se dió Cortázar en su tiempo para contar algunas de sus historias. hoy en día es cosa de mirar los kioskos para notar sus historias y su importancia. es interesante señalar que las mayúsculas son personalidades notoriamente visibles en las famas. éstas, se preocupan además de hacerse notar, de hacer que su hacer se haga por todos los otros seres de la tierra. de esto, las esperanzas sólo se diferencian en que en vez de que hagan su hacer, pretenden que se piense lo que ellas quieren que se piense. en definitiva, no hay mayor diferencia entre ambos. sí es fundamental señalar que por un lado, en esta primera entrada morfogenética o genealógica de las mayúsculas, estas son personalidades prepotentes, gritonas y egocéntricas. esto lleva a un trabajo analítico tanto moral como estético de las mayúsculas, lo cual no es menester del presente texto señalar.por otro lado, como cierre a esta primera ronda, se puede señalar que el estudio de estas materias tiene algunas dificultades en su desarrollo, en cuanto los famas son muy autorreferenciales en sus análisis, los esperanzas sueñan con que todo cambie y los cronopios, o sea los que son afectados por las formas de ser de estos otros seres, se olvidan rápidamente de sus trabajos y salen a dormir en los pocos pastos que quedan en las ciudades.
(extractos de introducción a la comprensión morfogenética de las mayúsculas como famas y esperanzas, texto sin publicar, ni editar ni escribir, pero posiblemente escribible por algún ser de la tierra que le interese esta fundamental temática)
Aporte de cronopiado.